domingo, 14 de octubre de 2012

Arte matemático: Escher


Maurits Cornelis Escher

Maurits Cornelis Escher nació un viernes 17 de Junio de 1898 en Leeuwarden (Holanda). Estudio en la Escuela de Arquitectura y Diseño Ornamental de Haarlem. Durante el año 1924 se trasladó a Roma donde permaneció hasta 1934. Más tarde viajará por Suiza y Bélgica hasta que en el año 1941 se instaló definitivamente en Baarn, Holanda, donde moriría en el año 1972.
Como la mayoría de los genios no fue un estudiante destacado en el colegio, teniendo problemas de adaptación y una personalidad poco sociable, a pesar de lo cual su talento artístico ya se vislumbraba en este periodo. Su padre le introdujo en el mundo de la carpintería y le enseño otras habilidades manuales. Comenzó los estudios de Arquitectura, pero una vez allí, Escher se dió cuenta de que su verdadera pasión eran las artes gráficas. Tras dos años en las escuelas de arte, obtuvo una especialización en técnicas gráficas y trabajo sobre madera y se dedicó a viajar por el sur de Francia, España e Italia, lugares donde encontró numerosas fuentes de inspiración para su obra.
Sus trabajos le convirtieron en uno de los más grandes artistas gráficos del siglo XX y, sin duda, «uno de los más reconocibles y admirados por el gran público», que encuentra sus dibujos exóticos, bonitos e intrigantes.
Sus más populares obras, figuras imposibles, fondos reticulados con diversos patrones y mundos imaginarios han sido reproducidas hasta la saciedad en portadas de libros, revistas, campañas publicitarias y en todo tipo de formatos. Escher es, en cierto modo, uno de los artistas más referenciados en la «cultura popular» del siglo XX.
Pese a no tener formación matemática, sus dibujos interesan tanto o más a los científicos que a los propios artistas, dado que en ellos subyacen una serie de conceptos matemáticos como pueden ser la geometría hiperbólica, cintas de Möebius, traslaciones, simetrías, cuerpos platónicos o el propio infinito.
Escher fue uno de esos artistas inusuales, dispuesto a mostrar que una superficie bidimensional es capaz de generar ilusiones ópticas muy profundas.

Maravillas de M.C. Escher

Aunque son muchísimas sus obras, y todas ellas de gran belleza, he seleccionado 7 de las más conocidas y de las que personalmente más me gustan.
Autorretrato: (litografía, 1935). En esta obra nos lleva a pensar, sugiriendo que la realidad no es tal como la percibimos. Se dibuja a sí mismo sosteniendo una esfera en la que se ve su figura y la habitación con todo lujo de detalles, dentro de un dibujo tridimensional, que en realidad no lo es, y sí un dibujo realizado sobre un plano …
Día y noche: (madera, 1939) Es una de las obras más conocidas y admiradas de Escher. Rellenando todo el espacio se observan patos blancos y negros volando en sentido contrario y con otra interesante dualidad: hacia dos poblaciones que son la misma, pero una en el día y otra en la noche.
Tres Esferas: (madera, 1945). Escher nos engaña una vez más, haciéndonos creer que estamos ante tres esferas, que son la misma. Pero estamos ante un círculo plano con un dibujo curvo, que aparenta ser una esfera… al dibujar el mismo círculo tumbado y más tumbado aún, resulta obvio entender que estábamos ante un dibujo plano, y no en 3 dimensiones, como de entrada nos hacía creer.
Arriba y abajo: (litografía, 1947). Observemos que si hacemos un corte horizontal y dividimos la imagen en dos, aparece la misma escena dibujada desde dos puntos de vista bien distintos. Además, el genio de Escher, hace coincidir el techo de la primera con el suelo de la segunda. Los haces de líneas curvas están matemáticamente tan bien realizadas y con tanta sutileza, que el cerebro acepta el hecho de no saber si estamos arriba o abajo.
Manos dibujando: (litografía, 1948) De la bidimensionalidad del papel a la tridimensionalidad de la realidad surgen dos manos dibujando, curiosamente cada mano está dibujando a la otra … Y fueron dibujadas por una sola mano … la de M.C. Escher.
Angeles y demonios: (madera, 1960): En esta obra, podemos apreciar la partición regular del plano sin dejar hueco alguno, en el que se combinan ángeles y demonios, negros y blancos. También se puede ver gracias a la geometría hiperbólica que a medida que un punto se aleja del centro, es cada vez más pequeño, lo que nos permite abarcar el infinito en un círculo de tamaño limitado.
Ascendiendo y descendiendo (litografía, 1960). Dibujó a unos monjes subiendo y a otros descendiendo por unas escaleras. Sin embargo, ninguno de los dos grupos parecen hacer algo distinto. Nos encontramos con un ascenso o descenso infinito que son imposibles, pese que el espectador no pueda encontrar esa inconsistencia.

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